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lunes, 7 de octubre de 2013

Evaluación: ¿a quién le preocupa?

          Este artículo trata sobre la evaluación en las universidades, más concretamente en la Universidad de Navarra. Es un artículo que busca la mejora de algunos aspectos que seguramente se dan en muchas más universidades, para hacer de la nuestra una universidad mejor y más destacada en todos los niveles.
Autores:
Javier Gamazo: Graduado en Filosofía; ex subdelegado de estudiantes de la Facultad de Filosofía, UNED.
Fares Ibrahim: Delegado de alumnos de la Universidad de Navarra
Carlos Gamazo: Profesor de Microbiología. Universidad de Navarra

            El denominado “Plan Bologna” provocó la inquietud de profesores y alumnos. Era evidente que la docencia universitaria requería mejoras y los expertos se pusieron manos a la obra. De entre el oleaje de ideas innovadoras emergió la palabra “competencias”. Nuevos valores se abrían paso ante el tradicional inmovilismo universitario: interpretación, integración de conceptos, expresión, sentido crítico…
             “Bologna” también debiera significar evaluar conforme a estos valores y, sin embargo, no está siendo así en la mayoría de los casos. Sorprende que los objetivos de las asignaturas contengan competencias que luego son mal evaluadas o que ni tan siquiera son evaluadas.  ¿Estamos ante el incumplimiento de un contrato? Y, en este mismo sentido, ¿se pueden evaluar dichas competencias con cualquier tipo de examen?, ¿se pueden evaluar con un test?.
A continuación, cada autor, con su particular punto de vista, argumentará sobre una serie de cuestiones que están el aire.

Al profesor no le preocupa la evaluación.
CG
            En toda trayectoria docente debe haber una evolución. La experiencia es la que dicta qué debemos explicar, qué es lo que el alumno puede aprender sin nuestra ayuda y qué partes de nuestra materia requieren de un esfuerzo adicional de explicación y apoyo. El cometido de un profesor es seleccionar la información y ofrecer al alumno puntos de vista que le ayuden a comprender y relacionar, en una palabra, que le enriquezcan. De la misma manera debe ocurrir con la evaluación.
            Sorprende que a un profesor nadie le cuestione sobre el cómo evalúa. Se presta una excepcional atención a su trayectoria científica, muy poco sobre la calidad de su actividad docente pero absolutamente nada sobre la idoneidad de los sistemas de evaluación que haya empleado. Grave error. En ocasiones, la libertad del profesorado parece infinita y esto no debe ser así. Nos debemos ceñir a unas reglas que como mínimo no se escapen de una buena conducta moral y racional.

JG

            Cuando se interpela a los docentes sobre el porqué de sus prácticas evaluadoras de los conocimientos adquiridos por los estudiantes y se les proponen reajustes, a menudo esgrimen  la Libertad de Cátedra como arma que zanja el asunto; tal uso de la misma, no sólo no aporta nada positivo, sino que la denigra. Si indagamos en su origen nos percataremos de que su creación fue fundamental para que el progreso de la universidad no dependiera de los avatares de la historia del poder político. Por ello, conviene actualizar su razón de ser y restringirla a los contenidos objeto de cátedra, y excluirla del cómo se imparten y evalúan. Parece absurdo diseñar plan alguno, si luego cada responsable de cátedra hace lo que considera conveniente.  No es posible dominar  todas las ciencias y técnicas; ser un gran científico investigador no implica, per sé, conocer los métodos más adecuados de transmisión de los conocimientos y su posterior evaluación. Es, pues, una labor interdisciplinar. Resulta absurdo confundir o equiparar  la ciencia con el método de su  transmisión, y ambas facetas necesitan de formación específica a la par que complementaria. Es ahí donde los servicios de inspección académica deberían centrar su atención, así como en la veracidad entre lo ofertado y lo realmente dado: aquello,  lo que las guías dicen; esto, lo que de verdad se ha hecho durante el curso y cómo se ha impartido. Pero eso sí, entendiendo el curso como un todo compuesto por partes, las cuales están interrelacionadas y aportan coherencia al conjunto.


FI
            La necesidad de evaluar los conocimientos de los alumnos es incuestionable, es una forma de asegurar que los hayan integrado y aprendido a manejar. Esto implica que dichos conocimientos son los cimientos del alumno sobre los que se va a construir el futuro trabajador profesional que va a prestar un servicio a la sociedad, y por eso mismo el profesor universitario tiene una responsabilidad con la manera de enseñar y la de evaluar. Muchos cumplen muy bien solamente la primera responsabilidad, la de enseñar bien, mientras que se suele descuidar la evaluación con la repetición de exámenes de años anteriores y el uso inadecuado del examen tipo test. Esto influye de forma directa y drástica sobre el método de estudio del alumno ya que finalmente su objetivo será el de aprobar el examen como sea si la forma de evaluar es radicalmente distinta a la forma de enseñar la materia en clase. En muchas asignaturas, por no decir todas, ha sido necesario seguir un procedimiento lógico, con la consecuente memorización de datos que se requiere, para poder entender lo que el profesor explica. El método de razonar y memorizar es infalible, y si el profesor lo emplea para enseñar entonces lo lógico y justo sería que evalúe la capacidad del alumno de usar este mismo método, y no solo el de memorizar.


Exámenes de tipo test
CG
            En la mayoría de los casos, los exámenes tipo test se ponen sin criterio y su único cometido es facilitar la labor del profesor. En definitiva, suelen ser un fraude en cuanto a su objetivo primario, la justa evaluación. Pongamos este símil. Un atleta es entrenado con una serie de técnicas muy apropiadas para aumentar su velocidad, su resistencia, o lo que corresponda según se su especialidad, sin embargo, la prueba que  evaluará los frutos de su entrenamiento  (léase, competencias) se basa en un examen de conocimientos teóricos. Podría darse el caso de que X que se conoce muy bien los materiales con que está la pértiga sea mejor valorado que Y que salta dos metros más que el primero.
            ¿Qué importancia le damos a que un alumno recuerde el nombre de un personaje en una obra literaria, o a que conozca el número exacto de electrones liberados tras una determinada reacción? Desgraciadamente, demasiada, ya que es precisamente esto lo que preguntamos en los exámenes, sin cuestionar explicaciones ni razonamientos. El alumno se encuentra con estilos de evaluación que no tienen nada que ver con el sentido de la evaluación sino, ante todo, con la comodidad del profesor. Esto decir que el ranking que estamos estableciendo entre los alumnos no está basado en la capacitación sino en la memoria a corto plazo. La aplicación del  conocimiento es lo que nos ayuda a resolver futuras incógnitas. Sin embargo, la memoria es básicamente retrotraer  información, conexa o inconexa, con sentido o sin sentido. La memoria no te ayuda a comprender el significado, el por qué, el para qué, de dónde o hacia dónde.

JG

            Parece razonable afirmar que la evaluación debiera servir para medir las competencias adquiridas durante el curso. Éstas son las que constan en las guías de las diferentes asignaturas,  partes integrantes de un todo llamado Grado. En el caso de las ciencias, su particular método es su principal baluarte y garantía de veracidad mediante contraste objetivo; de similar modo, el método docente debe ser coherente, susceptible de crítica y continua revisión.

          Es frecuente que en la relación docente-alumno exista una incomprensión mutua. Es imprescindible que los Equipos Docentes expongan con claridad cuáles son esos problemas, ya que a menudo la falta de medios y de tiempo acarrean que su labor se resienta. Esto se hace patente en el diseño del sistema de evaluación, donde la tendencia es primar más la rapidez en la corrección, que la correcta evaluación de las competencias adquiridas. 
El problema suele ser de economía del tiempo, es decir, algunos investigadores a los que se les entregaron las cátedras sienten que la docencia les distrae demasiadas horas del desarrollo de la ciencia, su principal labor y vocación. Por lo que al trámite evaluador lo perciben como un tiempo robado, amén de tortuoso.  A fin de cuentas, muchos nos dirían, los méritos que otorga ANECA a los trabajos de investigación son mayores que los dados a la docencia.


FI
            Creo que una preparación del alumno basada en la integración de conceptos, la lógica y el razonamiento haría mucho más asequible un examen como el FIR, MIR, etc, donde al fin y al cabo se preguntan datos concretos que el alumno puede deducir si está bien formado. En la vida real nadie nos va a dar cuatro opciones para tomar una decisión sino que debemos saber actuar con lógica y coherencia.

Los test y la picaresca:
CG
            Hoy en día los exámenes tipo test se encuentran fácilmente accesibles. Esto sumado a que los profesores no “pierden” su tiempo en renovar las preguntas, es campo abonado para la picaresca. Algunos alumnos, conociendo este fenómeno, basan su estudio en la memorización de esas y solo esas preguntas.

FI

            Los exámenes tipo test son lo más vendido en épocas de exámenes, no son pocas las veces que los hemos empleado porque, en algunas ocasiones, sabemos que el test iba a ser el mismo que hace unos años atrás. La cuestión que se plantea aquí es la siguiente: ¿venimos a aprobar exámenes o a convertirnos en profesionales? Porque las dos cosas son factibles a día de hoy. Se puede obtener un título universitario a base de estudiar los test, tristemente es un hecho.

             El examen de tipo test es una gran utilidad, pero no se le está dando un uso adecuado. Jugarse la asignatura con un examen de este tipo me parece exagerado, siempre debería haber algo de desarrollo para ver cómo se desenvuelve el alumno con la terminología propia de la asignatura y su razonamiento lógico. Es entendible que la docencia no es el trabajo principal de los profesores universitarios, pero no por ello la evaluación de los alumnos debe tener una menor dedicación.


Qué ventajas tiene un test. Qué se evalúa con un test.
CG
       El test solo puede estar justificado en algunas circunstancias y contextos. Es incuestionable que si hay que examinar a miles de individuos simultánea y objetivamente, el test es una buena opción, pero no es el caso.
                La evaluación no debe ser una molestia, un aburrido quehacer, sino todo lo contrario. No creo que haya nada más gratificante para un profesor que el ver cómo sus alumnos han adquirido esas competencias que tanto él deseaba que aprendieran el primer día de clase. Un examen se debe corregir como una novela de intriga, con apasionamiento, no con dejadez.  Un estudiante que no es capaz de resolver un problema, de entender un proceso, de establecer un razonamiento lógico, no cumple con las competencias deseables. Un dato, una cifra, un nombre fuera de contexto no tiene ningún valor.
            Actualmente, y aún más en el futuro, toda la información está disponible en pocos segundos a través de la WEB. Todos los profesionales disponen de ordenadores en su lugar de trabajo. Datos concretos se pueden consultar rápidamente, pero lo que no podrán consultar de manera tan inmediata es el cómo se debe resolver un caso, un problema. Si no tenemos esto presente, podremos llegar a darle la misma importancia a que un alumno de Medicina conozca el nombre de un gen bacteriano (p. ej., uno implicado en la resistencia a un antibiótico) que a que conozca el fundamento de un proceso (p. ej., la correlación entre recetar indiscriminadamente ese antibiótico y el incremento en la frecuencia de bacterias resistentes a dicho antibiótico).

 

JG            Hoy en día es fácil observar cómo se está imponiendo en la comunicación la extrema brevedad, la respuesta inmediata, a bote-pronto, irreflexiva y sesgada. Cada vez es más difícil conseguir participar en deliberaciones donde se construyan argumentos con el fin de aproximarse a la verdad; más bien, lo que se busca es convencer con el mínimo esfuerzo dialéctico y  una ética ínfima. La transmisión de determinados conocimientos que exigen interrelación contextual encuentra dificultades en semejante escenario. Tal vez, esa sea la razón por la que se impone en las conversaciones el gusto por los datos estadísticos extrapolados de su contexto, disfrazando de leyes universales a  las meras regularidades particulares, que se convierten así en principios de autoridad.  La Universidad perderá su sentido al ser un reflejo de tal moda; pero eso es lo que puede ocurrir si, entre otras cuestiones, se impone la tendencia atolondrada a la evaluación mediante test. El estudiante optará por el resultadismo académico, es decir, no elegirá estudiar mediante la comprensión holística,  sino acumular datos que le aporten algunos indicios sobre cuál es la “opción correcta”. Al fin y al cabo, no se le pedirá que argumente, explique, relacione, construya creativamente, sino que acierte una quiniela. De este modo,  se convertirá en un replicante sin competencias creativas, sin herramientas para aportar novedades, al modo de una máquina. Pero la sociedad necesita de universidades con vocación docente, cuyo propósito sea la investigación, la cual no se basa en la mímesis y en la circularidad eterna de los conocimientos, sino en la innovación, verdadero motor de los Estados libres o que pretendan serlo.Es habitual que las normas que componen un procedimiento legal oculten el motivo por el que se crearon, tal como ocurre con los árboles que nos impiden ver el bosque. Las prisas con las que se implantó Bolonia ocasionaron la desfragmentación de sus partes, la pérdida de su sentido. Cualquiera que haya leído dicho Plan se habrá percatado de que está lleno de recomendaciones, como si fuera una carta de platos de elección libre: diseño una evaluación continua optativa, pero no le doy el peso ponderado en la nota final que la haga atractiva para los estudiantes; la hago obligatoria, pero impongo un trabajo adicional que nada tiene que ver con un seguimiento del progreso de las competencias adquiridas en el transcurso ; diseño una impresionante evaluación continua merecedora del reconocimiento de la comunidad pedagógica universitaria, pero no soy capaz de llevarla a cabo....   De nada sirve diseñar guías de las asignaturas conforme a las directrices o recomendaciones del Plan Bolonia, para que los auditores den su beneplácito, si luego los Equipos Docentes incumplen lo que en ellas se dice. Este incumplimiento de la palabra dada no es algo baladí, si tenemos en cuenta que en la relación maestro-discípulo no sólo se transmiten conocimientos, sino también valores éticos. Lo mismo ocurre cuando el estudiante se percata de que el profesor no renueva y rediseña los test que periódicamente repite durante años. De esta actitud no se desprende un afán de renovación y perfeccionamiento, sino poco interés en mejorar su sistema de evaluación conforme a los avances emanados de las investigaciones al respecto. Esta actitud del docente puede llevar al alumno a pensar que de lo que se trata es de pasar los trámites necesarios para alcanzar un estatus que le permita dejar de esforzarse en la actualización continua, tanto de conocimientos como de procedimientos para llegar a ellos.

FI            La injusticia no solo se está dando con el alumno, sino con el futuro paciente. Es muchísimo más importante inculcar una mentalidad profesional ya que cuando obtengamos nuestro título las personas pondrán su vida y su bienestar en nuestras manos, y eso no es ninguna broma. Tenemos una responsabilidad con la sociedad y por eso una buena formación es esencial. El examen no debería ser una tortura, ya que el verdadero examen está ahí fuera en el hospital, el centro de investigación o la oficina de farmacia.

 

Para terminar …

CG

            Una buena universidad se diferencia de otras cuando enseña a pensar. Si nos dedicamos a evaluar la capacidad de memorizar, cualquiera puede enseñar. Qué queremos hacer, ¿una buena copia (= memoria) o tener ideas (razonamiento)?

 

FI

            ¿Qué podemos pedir los alumnos? Que se nos elimine la posibilidad de entrar a la universidad y salir de ella con un título inmerecido. Quizás sea una petición extraña, pero se nos podría tratar como a futuros colegas de trabajo, porque realmente podríamos serlo. La evaluación del alumno es una parte de la evaluación del propio profesor para ver qué tan bien les ha instruido, y es el paso que permite al alumno pasar a ser un verdadero profesional. Juntar un buen método de enseñanza con un buen método de evaluación es la clave.

 

JG

            La Universidad debe su razón de ser al estudiante; por lo tanto, debe ser fundamentalmente una proyección de éste y de sus necesidades. El estudiante accede a la Universidad con carencias y demandas específicas: por un lado, referidas a sus escasas facultades para adquirir conocimientos que le permitan crear; por otro,  lo que el estudiante requiere para poder vivir como futuro profesional.  Para poder desarrollarse como profesional, en nuestra realidad renovada a un ritmo vertiginoso, habrá de mostrar que ha adquirido competencias que le permitan crear nuevas herramientas.  No le bastará con saber utilizar las ya existentes, puesto que eso ya lo hacen las máquinas mucho mejor que los humanos que las crearon.  Por todo ello, la Universidad deberá procurar aumentar el valor añadido del humano respecto a la máquina. Por supuesto, el sustrato de lo ya conocido y creado es muy importante en la acción pedagógica, pero tal suelo debe ser renovado y regado por  la fuente de aguas vivas, si de verdad queremos nutrir al estudiante, y no sólo engordarlo de erudición.
El valor de la Universidad no lo da su continente, sino lo que en ella ocurre; como dijo Ortega, “lo maravilloso es la perla, no la ostra perlera” (Cfr. J. Ortega y Gasset: “Obras Completas”, Tomo IV, p. 552).

            A pesar de las ventajas que a mi entender tienen los exámenes argumentativos sobre los test, en cuanto a la prospección de los conocimientos y competencias adquiridas durante el curso, así como al modo en que el alumno estudia para alcanzarlos, considero que dichos test pueden ser útiles en determinadas circunstancias, pero siempre como una herramienta secundaria. No parece cabal que en el examen final se presente un test como filtro, es decir, si no apruebas la parte de test no te corrigen la segunda parte, la argumentativa. Aquí se evidencia que lo que se pretende es ahorrar esfuerzo en la corrección de exámenes, ya que también podrían hacer la inversa: si no aprueba la parte argumentativa, no le corrijo el test.
Si respondemos a un test mediocremente diseñado, cuando aún desconocemos lo básico de la materia objeto del mismo, muy a menudo observaremos que, con el simple empleo de la intuición, la suerte se pone del lado de la ignorancia. En cambio, según avanzamos en el estudio cabal,  aumentan las dudas que dificultan dicha táctica; es entonces cuando demandamos que los datos se presenten en su contexto, para poder comprender el verdadero sentido de la cuestión planteada.
Por ello, un buen test no consiste en un grosero listado de preguntas extraídas aleatoriamente de un manual, sino en un complicado y sutil entramado de preguntas y propuestas de respuestas, cuya posterior corrección aportará al docente buenos indicios sobre las competencias que el alumno ha adquirido. Así pues, es imprescindible reducir los factores suerte y memoria irreflexiva a la mínima expresión, lo cual no ocurre con los test mal diseñados.  Ahora bien, mediante “evaluaciones continuas” que hagan honor a su nombre,  las “pruebas finales” necesitarán de menor peso ponderado. Así,  ya no serán tan tortuosos los trances del final del curso, ni se percibirán como tiempo sustraído. El docente que emplee un buen sistema sabrá con bastante exactitud qué nivel de formación ha alcanzado el estudiante, y cuáles han sido las facetas en las que él mismo  necesita mejorar. La formación continua no sólo es necesaria para alcanzar una Universidad de calidad, sino que también aporta al docente una motivación que le aleja de la apatía, donándole una renovada energía fuente de satisfacción profesional, manantial de ilusión vocacional con la que contagiar a sus discípulos.

 


“El resultado de las lecciones depende de las costumbres de los oyentes. En efecto, queremos que se  hable como estamos acostumbrados a oír hablar (…). Lo acostumbrado, en efecto, es fácilmente conocible. Y cuánta fuerza tiene lo acostumbrado, lo muestran las leyes, en las cuales lo fabuloso y lo pueril, a causa de la costumbre, pueden más que el conocimiento acerca de ellas. Unos, en efecto, no escuchan a los que hablan si no se habla matemáticamente; otros, si no es mediante ejemplos; estos exigen que se aduzca el testimonio de algún poeta; aquellos todo lo quieren  con exactitud,  y a los de más allá les molesta lo exacto, o por no poder seguir el razonamiento o por la enumeración de pequeñeces. (…).Por eso es preciso aprender previamente cómo podrá ser transmitida cada cosa, pues es absurdo buscar al mismo tiempo la ciencia y el método. Y ninguno de los dos objetivos es fácil de alcanzar”.
         (Aristóteles: Metafísica; a3, 995ª 1-14.  Traducción de Valentín García Yebra).


viernes, 4 de octubre de 2013

La unión hace la fuerza

                Debido a recientes publicaciones en las cuáles se ataca y difama sobre poblaciones enteras a causa de una minoría numéricamente irrelevante me veo en la obligación de expresarme, tratando de ser lo más objetivo posible. Últimamente he pensado mucho en lo fragmentada que está la sociedad, y lo perjudicial que está siendo para el conjunto entero. Buscar a los culpables de esto me parece inútil, mientras que ver lo que pasa a las víctimas (todos nosotros) me parece mucho más interesante e importante. ¿Víctimas de qué? De una asfixia que empeora con el tiempo causada por muros cada vez más altos, muros hechos con prejuicios e ignorancia, muros que nos aíslan de la verdad sobre los demás y, en última instancia, de ser felices en nuestro día a día.

                Vayamos al grano: los “fulanitos” son malvados, los “menganitos” son unos antipáticos, y los de la comunidad de al lado son unos tacaños y unos ratas. ¿Mi respuesta?: Mentira. Malvados, antipáticos, tacaños y ratas hay en todas partes, y son gente de todos los colores que uno se pueda imaginar, provenientes desde la ciudad más famosa del mundo hasta el rincón más recóndito de este planeta, de cualquier religión  e ideología. Así que, ¿por qué no nos dejamos de tonterías y empezamos a ver las cosas como son?

                Desde mi corta experiencia en esta vida puedo decir lo siguiente: la universidad es una pequeña muestra – más o menos representativa – de lo que hay ahí fuera en el mundo, y he tenido la suerte de conocer a gente de muchas partes del país. Gallegos, catalanes, vascos, pamplonicas, riojanos, madrileños, maños, mallorquines, valencianos, extranjeros, ¿y saben qué? La bondad y educación de cada uno de ellos me demostraron que “lo que se cuenta por ahí” no son más que patrañas. Gente buena hay en todos lados, ¿y gente mala? También. Soy musulmán y estoy saturado de comentarios sin fundamento que nacen de los medios de comunicación; ni la zona donde has nacido, ni tu color, ni tu religión van a hacer de ti irremediablemente un tipo de persona u otra desde el momento en que naces.

               Escribo esto porque si no estaría cometiendo una injusticia con toda esta buena gente que escucha difamaciones sobre ella y aun así traga y traga. “Para que triunfe el mal solo hace falta que las buenas personas no hagan nada”. Yo os pido: protestad, escribid, que os oigan, que nos escuchen. Los periódicos y las televisiones no se cortan un pelo en publicar basuras que infectan nuestras mentes, el remedio está en nuestras manos y nuestras voces.

                La unión hace la fuerza. Somos gente de bien y de paz, y tenemos superioridad numérica y moral respecto de aquellos que pierden su tiempo en hacer de este mundo – y en concreto este país – un lugar peor. A los medios de comunicación: ya basta de publicar noticias que no valen nada y de alimentar prejuicios sin fundamento. Si vendéis vuestros periódicos a un euro a cambio de ofrecernos artículos de ínfima calidad entonces mejor no ofrezcáis nada.

                Las personas buenas y valientes siempre acaban triunfando, precisamente porque lo son.

viernes, 5 de abril de 2013

Valiente


“Sé que hace tiempo que no quieres hablar conmigo. Me he dado cuenta de que cada vez que intento decirte algo te enfadas y me das la espalda, me ahogas en un mar de rechazo y obstinación, arrogancia y perdición. Cuanto más me callas, más grita ella. Solamente soy una mediadora entre vosotros, no puedo hacer más que amonestarte por perturbarle con tus actos. Pero, al final, quien decide si escucharme y prestarle atención eres tú. Soy tu conciencia, y me temo que tu alma no podrá aguantar mucho más tiempo el peso de tus actos”

                Entonces sentí una fuerte sacudida que paralizó mi corazón. De repente no sentía nada, simplemente me encontraba flotando en un tiempo sin lugar y un lugar sin tiempo. Entonces le vi, con el pecho hinchado de orgullo y una cara que expresaba la satisfacción más absoluta, bello y sonriente, comenzó a hablarme con voz aterciopelada:
- Veo que por fin me has encontrado.

+ Nunca te había buscado. Siempre he creído que eras parte de mí.

- Y, efectivamente, lo soy. Aunque mi trabajo ha sido más atractivo y sutil que esa que grita ahí dentro. He sido combustible de tus pasiones y promotor de tus actos durante mucho tiempo, te he visto disfrutar y regocijar, ¿qué haces por aquí? ¡Sal ahí fuera y sigue con lo que estabas haciendo!

+ ¿Con lo que estaba haciendo? ¿Te das cuenta de la cantidad de cosas que me has hecho hacer? Y siempre he creído que todo nacía de mí. Me decías que lo bueno es ideal e inalcanzable, que estaba condenado al fracaso, ¡y te creí!

- A eso llamo yo un trabajo bien hecho. He sido infalible, reconócelo. Pero todo hay que decirlo, yo jamás te obligué a nada. ¿Recuerdas cuando te dije que no pasaba nada por probar? ¿O cuando te decía que no tienes edad para pensar sino para disfrutar? ¿Acaso te obligué a algo? Tu y yo sabemos que no. No trates de culparme, yo solo te hablaba y tú decidías a quien escuchar.

                No pude evitarlo más, le golpeé y le encadené, suspiré con las manos en la cabeza y el estómago en un puño. Había sido víctima de mí mismo y no me había dado cuenta, me dejé engatusar por sus palabras y me dejé llevar por mis pasiones. Qué estúpido fui al pensar que él conformaba todo mi ser, ahora me doy cuenta de que aspiro a mucho más que sus promesas atractivas aunque vacías: puedo estar por encima de él. Le golpeé de nuevo y sonrió, me miró fijamente y me dijo:

- Sin mí tu vida no tiene sentido.

                Le contesté:

+ Sin mí, tu vida es la que no tiene sentido. Tu voz ya no tiene cabida en mí, abandonaré el camino por el que me has llevado para no volver jamás. Desde hoy quedas desterrado para siempre.

                Le encerré y fui a buscarla, sabía que estaba en alguna parte de mí. Por fin la encontré, desgarrada, dolida, aunque con una mirada de infinita profundidad y luz, y la abracé como si hubiera encontrado el tesoro más valioso del universo. Sentí que mi corazón volvía a latir con fuerza, por fin abandoné la oscuridad que me infectaba y la ansiedad que me atormentaba. Por fin volví a la vida.

“Los valientes son una especie en peligro de extinción. Seamos valientes en espíritu y firmes en la constante lucha interior por el bien y la virtud”



lunes, 18 de marzo de 2013

Leyenda


                Cuenta la leyenda que llegará un momento en el que las personas podrán tocarse y no sentirse, un momento en el que dará la casualidad de que, cuanto más cerca estás de alguien, realmente estás más lejos. Algunos tacharon esta leyenda de una locura, otros de una enfermedad, una maldición, y otros simplemente rieron con ironía en sus adentros. Sea lo que sea, continúa la leyenda, hará sucumbir la magia que albergaban las miradas apasionadas y los rostros sonrojados, así como la ternura envuelta en las sonrisas florecidas por un inocente sentimiento.

                Cuenta la leyenda que los humanos serán aplastados por su grandeza y ahogados en los océanos de ilusiones virtuales que creyeron que alguna vez saciarían su sed infinita. Olvidarán el olor de las flores y el canto de los ruiseñores; incluso el color de sus ojos brillando reflejados sobre la superficie de un arroyo en una soleada tarde de encanto y brisa fresca. Dejarán de sentir el frío golpe de las gotas de lluvia sobre sus rostros por refugiarse en sus prisiones encefálicas adornadas en su interior con miedo envuelto con compasión y una pizca de rechazo hacia sí mismos.

                Cuenta la leyenda que esta maldición se apoderará de la voluntad del ser humano y le hará llevar los ojos vendados, los labios sellados y los oídos atormentados; lo convertirá en su títere aunque le hará creer que él es el que mueve sus propias cuerdas. Creerá que ama, mas no se amará ni a sí mismo; creerá que construye, aunque solo se estará destruyendo por dentro; creerá que vive pero su corazón estará vacío, lleno de ilusiones volátiles. Pero esto… solamente lo cuenta una leyenda.


jueves, 27 de diciembre de 2012

Hipnosis

               Últimamente me da la sensación de que los días acaban casi antes de empezar, los minutos pasan como segundos, las horas como minutos, los días como horas y las semanas como días. Es como si hace siglos la vida fuera un río que transcurría con fluidez pero con calma, y ahora ha llegado al precipicio que es la cascada. Quizás me equivoque, pero me parece que antes las cosas, los detalles, eran más auténticos que ahora, la vida era más sencilla pero al mismo tiempo más real.


                Con esto quiero dar pie a una realidad que está pasando por delante de nuestros ojos pero que por lo visto estamos muy ocupados - ya sea estudiando, trabajando o buscando divertirnos - como para percatarnos de ella. Vivimos en la era de la esclavitud intelectual, prisioneros de una falsa libertad que parece que nos va a dar la felicidad. Nos hemos olvidado de las grandes batallas de los antiguos, de las personas que marcaron la historia - pero sobre todo del por qué -, nos hemos olvidado de los océanos de sangre derramados para dejar un legado a día de hoy desperdiciado.


                Nuestros días comienzan con los quehaceres y los quehaceres terminan con nuestros días. Nunca tenemos tiempo para estas solos con nosotros mismos, pero es más, no lo anhelamos a pesar de que nuestra naturaleza lo pida. Nos ponemos obligaciones que no son prioritarias o necesarias, buscando el "bienestar" (pasajero) que nos puede ofrecer este mundo con el ocio, la música, los videojuegos, las fiestas, etc. Todo esto que acabo de mencionar no debería ser nuestra preocupación más grande, puesto que no son más que meros complementos en la vida que son, solo en parte, necesarios (y no todos ellos).


                La necesidad de trascender ha caído en el olvido, necesidad con la que todos nacemos y que pocos logran buscarle un hueco en su vida para atenderla. No paramos. Y, ciertamente, es algo que se hace cada vez más difícil pero no por ello merece menos la pena sino todo lo contrario. La ventaja que da sentarse uno consigo mismo, aislarse del mundo, trascender, mirar con perspectiva la vida, reenfocar, autoevaluarse y proponerse mejorar es que la próxima vez que se salga a la calle ya no será lo mismo: se está más preparado y con más fuerza para afrontar la vida y sus situaciones. No debemos esperar a las "bofetadas" de la vida para cambiar y reenfocar: es mejor anticiparse.


                Por supuesto que cuando hablo de trascender y de "sentarse uno consigo mismo", me estoy refiriendo igualmente a tomar un contacto más intenso con el Creador. Puesto que venimos de Él, debemos ser coherentes con esa parte de nosotros que no es pura materia; y, de hecho, creo que se está descuidando mucho este término: coherencia. La relación entre lo que pensamos, necesitamos y hacemos es vital para aspirar a ser felices y ser capaces de afrontar las dificultades de la vida. Y, yendo más allá, creo que la vida (esta y la eterna) se convierten en un infierno cuando esa coherencia no existe, es decir, conocer la teoría y no ponerla en práctica. Esto no atenta - para nada - con la más aplastante de las lógicas: sin ir más lejos, cada uno en su profesión no solo debe conocer la teoría sino que debe aplicarla bien porque si no sería un profesional mediocre. 


                Esto nos lleva directamente al "sacrificio". La vida tiene mucho que ofrecer (no todo bueno ni todo malo) y, por supuesto, para mantener una coherencia se deben adoptar ciertos hábitos o actividades, dejando otros totalmente descalificados. "Probar de todo" ya rompe de por sí con esa coherencia que nos exige el ser, y volveríamos a caer en la misma espiral de siempre. El equilibrio que se debe buscar debe estar dentro de unos límites que la persona escoge libremente tras una reflexión racional - sin coacción social - y coherente, y un posterior compromiso consigo mismo y con el Creador. Lo peor que puede hacer el ser humano es seguir unas pautas que atentan contra su naturaleza (material y divina), y más aún a sabiendas. No existe mayor injusticia. Nos han vendido que la felicidad, el éxito, el triunfo en esta vida se forja a base de actividades (no todas) que - casualmente - atentan contra nuestra naturaleza y las leyes divinas. Lo peor es que también nos han vendido que somos incapaces de ir contra ello y que si nos oponemos debemos ser mirados de una forma diferente. Ha sido una conquista intelectual exitosa - todo hay que decirlo - pero si algo jamás puede ser conquistado ese es el espíritu del ser humano.


                No existe mayor fuerza que la fuerza de voluntad humana, empujada por la fe y el deseo de una relación buena con el Creador - en primer lugar - y con la creación, con la firme certeza de que siguiendo Su camino (tanto en pensamiento como en acciones) viviremos un paraíso tanto aquí como en la vida futura.


                Solo se vive una vez: hagámoslo de una forma correcta.


jueves, 15 de noviembre de 2012

Servicio


Nacemos necesitados, desprotegidos, indefensos y del todo ignorantes, y dedicamos toda nuestra vida a crecer y absorber lo que haya a nuestro alrededor para aprender a sobrevivir en este mundo. Pero llega un momento en el que a la persona le surge desde dentro darse al mundo, empezar a devolver algo de todo lo que ha obtenido. Ciertamente las bendiciones que hemos recibido y que nos rodean son incontables, y jamás podríamos llegar a agradecerlas aunque pasáramos treinta vidas postrados, pero creo que la forma más noble y pura de darse al mundo es dándose a los demás, dándose al mundo y a su Creador.

El aprendizaje es como una secuoya: no para de crecer, no para de absorber de lo que hay a su alrededor y emplearlo para hacerse más fuerte y robusto. Pero llega un momento en el que la secuoya da sus frutos, devuelve algo de lo que ha obtenido durante su vida sin dejar de crecer a su vez. Así es como siento que debería ser el ser humano, insaciable en conocimiento e inagotable en servicio.

El servicio es muchísimo más que dar sin esperar recibir algo a cambio: debe surgir de dentro, debe hacerse con sutileza, con amor y con el objetivo sincero, noble y honesto de verse satisfecho por la mejora que uno está provocando en el mundo y en la vida de las demás personas. La excelencia radica en querer para los demás lo que uno querría para sí mismo, en sentirse más grande a medida que uno se da. Es una de las pocas cosas en este mundo en las cuales uno se hace más rico por dar más, casi un milagro.

                Me di cuenta de que para dejar de vivir únicamente absorbiendo de aquello que nos da el mundo, hace falta un retiro, un cambio en el modo de mirar, sentir, pensar y de vivir. El concepto de “disfrute” también debe cambiar: ya no disfruto recibiendo tanto como disfrutaría dando. Aislarse, construirse, forjarse y salir al mundo con ganas de mejorar y de mejorar nuestro entorno es la esencia de la virtud en el servicio, hacerse adicto a hacer sonreír a los demás, convertirse uno en motivo de alegría y de bienestar.

                No hay mejor ambición que la de hacer el bien, sobre todo al prójimo.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Sparkle


Una mirada, un instante, un latido y un escalofrío. Parece mentira que un momento en la vida de una persona pueda marcarle de por vida. Es maravilloso y misterioso ese sentimiento que de repente explosiona dentro del pecho de una persona tras una milésima de segundo, dejándola rendida completamente y al mismo tiempo haciéndola sentir invencible, imparable, capaz de sobreponerse a absolutamente todo. Desarmado y sin miedo. Aquí las palabras no tienen cabida, puesto que jamás aspirarían a superar el efecto de una sonrisa o una caricia, un perfume o simplemente la presencia de esa persona. Un sentimiento que ha llevado a las personas a cruzar mares y océanos únicamente para revivirlo y avivarlo aún más, es el comienzo de un viaje irrepetible, indescriptible e irrevocable.

Encontrar al compañero que recorrerá junto a nosotros la travesía que es la vida es cosa del destino, uno nunca imagina dónde puede encontrarlo. Podría tenerlo delante durante años y no darse cuenta, pensando que lo encontrará en cualquier lugar misterioso del mundo. El momento en el que las almas se unen marca un drástico antes y un después en la historia de cada uno, es una bendición que no se puede rechazar, un tesoro que comenzamos a anhelar no por ambición sino por virtud y amor. Pero esto no es cosa fácil, tampoco difícil, sino que es cuestión de tiempo, sutileza, confianza y mucha conversación. Tras la primera unión en ese instante, hay un viaje que realizar para llegar al tesoro que encierra esa persona, y dar acceso al tesoro que uno mismo lleva dentro.

Una vez alcanzado el tesoro la cosa no acaba ahí. Ambas personas se poseen la una a la otra pero ahora deben enfrentarse juntas al mundo mientras se cuidan entre sí. Cada uno está en las manos del otro, han confiado y se han dado, y aquí las acciones adquieren prioridad puesto que las palabras se las lleva el viento. Las promesas no están para decirlas sino para cumplirlas, los pequeños detalles son prácticamente lo más importante, despertarse cada día queriendo ser la razón de la felicidad de la otra persona. Una relación se basa en la confianza, el consenso sobre los aspectos más importantes, el servicio, la espiritualidad y, por supuesto, el amor. Tras alcanzar esa situación, ambas personas aspirarían a ser los mediadores para el milagro de la vida, y ver los frutos de todo aquello que han ido construyendo.

El mejor compañero no es aquel que sea más rico, tenga mejor estatus social o tenga una gran belleza. El mejor compañero es aquel que quiera llevarte al paraíso con él.